I Amsterdam


Amsterdam nació como un pequeño pueblo de pescadores a orillas del río Amstel. La importancia de su puerto, que llegó a ser el segundo con más tráfico de Europa después de Lisboa durante el reinado de Carlos V, hacía vislumbrar las posibilidades de este precioso enclave que tan solo necesitaba independizarse del imperio español para alcanzar su auge económico, hecho que ocurrió tras la Guerra de Flandes (1568–1648). Gracias a la creación de la Banca de Amsterdam y al comercio de grano y armamento, su floreciente economía se consolida dando paso a dos siglos de esplendor. Los artistas encontraron allí refugio en su huída de las guerras, se creó la Academia de Amsterdam, se convirtió en centro internacional de piedras y metales preciosos, se fundaron las  Compañías Holandesas de las Indias Orientales que extendió el tráfico colonial por medio mundo y la de las Indias Occidentales que basaba su negocio en el transporte de esclavos  entre Africa y América.

A finales del siglo XVII, Amsterdam cedió parte de su dominio en favor de La Haya pero años más tarde, a finales del XIX y gracias a la revolución industrial, un nuevo periodo de bonanza da lugar a la construcción de gran parte de la obra civil. Durante la Primera Guerra Mundial, Holanda permaneció neutral no siendo así en la Segunda Guerra Mundial lo que provocó la invasión nazi en 1940. De este atroz episodio cabe resaltar la ya de sobra conocida historia de Ana Frank cuyos diarios mostraron al mundo la verdadera lucha de los judíos que se habían refugiado en los Países Bajos huyendo del yugo alemán. La casa-museo de Ana Frank es de hecho uno de los lugares más visitados de Amsterdam.

En estos turbulentos años también comienza la donación anual de 10.000 bulbos de tulipán de Holanda a Canadá.  Durante el exilio de la princesa Juliana en Ottawa, el parlamento canadiense decretó suelo holandés la casa que ocupaba la princesa y el hospital donde dio a luz a su tercera hija para evitar que perdiera su lugar en la linea de sucesión al ser nacida fuera del territorio holandés. En agradecimiento a ese gesto del país americano la tradición se mantiene viva y ha dado lugar al prestigioso Festival Canadiense del Tulipán.

tulipanes

Tulipanes. Vía Flickr: Manuel

Tras este corto repaso de la historia de Amsterdam ha llegado el momento de centrarnos en lo más característico de la ciudad donde los 75km de canales y sus más de 1000 puentes, las bicicletas que forman parte de la vida de sus gentes, las casas-barco que adornan los márgenes de los canales y los coffee shops donde poder consumir lícitamente marihuana y hachís, eso si, olvidándonos del tabaco y el alcohol ya que son sustancias paradójicamente prohibidas en estos establecimientos, son una buena muestra de lo que podemos encontrar a nuestra llegada.

 

Casa flotante en Amsterdam

Casa flotante. Vía Flickr: alquiler de coches

Que la ciudad no sea muy monumental nos dará la oportunidad de plantearnos una visita menos atada a horarios y las calles, las gentes y el ambiente llenarán el hueco que en otros destinos ocupa la interminable lista de iglesias, palacios y museos que ofertan. La plaza Dam, corazón de la ciudad, puede ser un buen lugar para comenzar el recorrido. En ella encontramos el obelisco erigido en honor a los soldados caídos durante la Segunda Guerra Mundial conocido como Monumento Nacional, el Palacio Real y la Nieuwe Kerk, iglesia del siglo XV que ha sido testigo de las coronaciones y acontecimientos de la familia real.

 

Plaza Dam- Amsterdam

Plaza Dam. Vía Flickr: Nestor Ferraro

La plaza Spui es el lugar idóneo si pretendemos empaparnos del ambiente bohemio de escritores y artistas. Por la plaza que anteriormente estaba inundada y marcaba el límite de la ciudad y sus alrededores se respira cultura y es el escenario de un mercado semanal donde poder adquirir cualquier tipo de obra de arte. Muy cerca de aquí podemos visitar Begijnhof que es un grupo de viviendas que alojaban la hermandad femenina católica donde en el número 34 podemos encontrar la casa más antigua de Amsterdam con una construcción típica de madera más tarde prohibida para prevenir incendios. La capilla clandestina utilizada por dichas mujeres también forma parte de este conjunto arquitectónico.

 

Begijnhof

Begijnhof. Vía Flickr: Bruce Tuten

 

Si buscamos una zona de ocio y compras, Leidseplein que antiguamente era utilizado como lugar de parada de carruajes para quien entraba a la ciudad, saciará nuestras mejores expectativas. El Teatro Municipal, el tablero de ajedrez gigante de la calle Max Euweplein, la zona de museos donde destacan el museo Van Gogh o el Rijksmuseum entre otros y no muy lejos hacia el oeste el  parque Vondelpark que es el pulmón de  Amsterdam y lugar de reunión de sus habitantes son algunas muestras de sus tesoros.

 

Vondelpark

Vondelpark. Vía Flickr: Christian Lendl

Para terminar, destacaremos el Barrio Rojo que además de estar situado en la parte más antigua de la ciudad, es el lugar destinado a los placeres prohibidos. Es típico ver sus calles, seguras incluso en la oscuridad de la noche, llenas de turistas sorprendidos por el espectáculo que ofrecen las prostitutas a través de los escaparates que las separan de sus potenciales clientes. En este barrio también encontramos la iglesia Oude Kerk que data de 1302 y es el edificio más antiguo de Amsterdam. Una pequeña capilla de madera que con las sucesivas remodelaciones y ampliaciones acabó convirtiéndose  en la basílica gótica que hoy podemos admirar. No podemos olvidar el museo Amstelkring que a pesar de tener la apariencia de una casa, alberga en su ático una iglesia católica que en los años posteriores a la reforma fue utilizada por las comunidades cristianas clandestinas como lugar de culto y reunión.

 

Amsterdam Barrio rojo

Barrio Rojo. Vía Flickr: Enrique Blasco

A pesar de haber citado un gran número de lugares que seguro merecen ser visitados y habernos dejado otros muchos en el tintero de similar interés, cabe destacar que la ciudad que aquí nos ocupa tiene la magia y el principal atractivo en su conjunto. Pasear por sus calles, navegar por los canales,  movernos en bicicleta, respirar aire puro en sus espacios verdes, mezclarnos con sus gentes, disfrutar de su inagotable ambiente nocturno y encontrar cada uno dependiendo de nuestros gustos que es lo que más nos atrae, es una opción que no todos los destinos ofrecen pero, este en particular se desnuda ante nosotros cediéndonos todo el protagonismo. Es una ciudad generosa, nos lo da todo y a cambio solo pide disfrutar. Así que cumplamos la premisa y como dice su lema turístico seamos  Amsterdam.

I amsterdam

I amsterdam. Via Flickr: Elisa Triolo

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